Los ojos nos proporcionan información del entorno a través de imágenes, pero los oídos también nos ofrecen la creación mental de un lugar, de un espacio sonoro. Para los invidentes escuchar probablemente sea otra forma de ver. Tener dos ojos nos permite ver en tres dimensiones, percibir el volumen de los objetos, y la profundidad de las distancias. Tener dos oídos nos permite localizar la fuente de sonido y escuchar en estéreo. Si cerramos los ojos podremos ser conscientes de un mapa sonoro que nos orienta en el espacio y nos informa de dónde se encuentran las fuentes de sonido. Pero para eso es necesario disponer de dos oídos. Si no es así, los sonidos y la música pierden cualidades a las que no solemos darle tanta importancia, como por ejemplo la reverberación. Si tan sólo escuchamos a través de un oído, la experiencia de un concierto puede ser plana, apagada, porque pierde la expresividad de la reverberación. Sin embargo, la plasticidad del cerebro y su adaptación puede mejorar el uso de la información auditiva que recibe, utilizando la memoria en los casos en los que antes sí se escuchaba con los dos oídos.
Para notar la diferencia entre vivir en estéreo, tanto visual como auditivamente, y vivir en mono, podemos tapar un ojo y tratar de coger diferentes cosas varias veces. Lo apreciarás mejor con objetos pequeños. Inténtalo, estoy segura de que en más de una ocasión no cogerás nada entre tus dedos. Prueba esa sensación durante un rato y luego imagina algo similar con el sonido. Para mí ha sido sorprendente. ¿Qué te ha parecido a ti? Deja tu comentario.
La naturaleza, ¡Qué sabia!
Fuente: Libro Musicofilia. Oliver Sacks
