La voz y las emociones

Dale amor

A lo largo de mi carrera ha habido una asignatura que ha variado mi voz muchísimo más que cualquier otra, y ésta es la asignatura de interpretación. Sin embargo, en ningún momento he pensado técnicamente cómo voy a hablar o cantar, y simplemente he tratado de sentir. Las emociones han cambiado mi voz sin saber lo que estaba ocurriendo en mi aparato fonador. En el mundo de la voz trabajamos con muchas imágenes y metáforas porque no podemos ver lo que sucede dentro, ¡Pero sí sentirlo! Y he descubierto que:

Cuando estamos alegres nuestra voz es más aguda y suele tener mayor intensidad.
Cuando estamos tristes suele estar más grave y con menor intensidad.
Cuando sentimos asco solemos cerrar la garganta, elevando nuestra laringe y juntando el velo del paladar y la lengua, creando un sonido alveolar. Quizá es porque no queremos tragar eso…
Cuando tenemos miedo la voz se agudiza, baja de intensidad y se entrecorta, pero también se nos puede ahuecar la laringe y elevar el velo del paladar creando una voz más engolada.
El enfado eleva la intensidad pero el tono puede ser más agudo o más grave según la persona, ¡Eso sí! La articulación de las palabras se incrementa, posiblemente al aumento de la tensión muscular ¡Qué ira más grande!
Y por último… ¡LA SORPRESA PODRÍA SER LA EMOCIÓN QUE MANTUVIERA NUESTRA VOZ MÁS NEUTRA Y MEJOR VOCALIZADA!

¡Emocionante! ¿Es o no?



Dale amor

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